Dúo Mercadante-Picó
Bandoneón y voz

A finales del s. XVIII comienzos del XIX, momento en que en Buenos Aires se está gestando el tango, llega a la ciudad un instrumento de origen alemán que se va incorporando paulatinamente a las incipientes formaciones tangueras (originalmente compuestas por guitarra, violín y flauta); se trata del bandoneón, instrumento de fuelle inspirado en la estructura de los órganos misales, pensado para poder transportar ese mismo sonido cómodamente por los pueblos en sus procesiones. Resulta raro –y casi paradójico- pensar que a ese género nacido en los puertos y de simiente prostibularia, el tango, se uniera un instrumento litúrgico. Pero el tango encuentra en éste el registro preciso para su expresión, conecta con su esencia espiritual, le aporta el contrapunto necesario, su bombeo orgánico. El bandoneón encarna el misterio, la envergadura del tango, le ofrece el peso y la originalidad, la tristeza, el sentimiento transido, su solemnidad. Con este instrumento el tango se jerarquiza, se hace sublime. Una vez inserto en el género, el bandoneón se consagra hoy como su voz más representativa.
No es habitual un dúo de voz y bandoneón, pues ambos ocupan el mismo espacio sonoro, pero la combinación Picó – Mercadante hace que ese aparente obstáculo no exista, tal es su compenetración, su sentimiento mutuo.
La fuerza y el lirismo del bandoneón de Mercadante empasta a la perfección con la expansiva voz de Picó, con su capacidad ilimitada de registro. Al escucharlos se vive la impresión de penetrar el misterio del tango, de remover sus entrañas, de volver, en definitiva, al cántico místico, atávico, que los conforma.
